Bad Bunny, genio de lo simple

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Opinión de Paul Christian (@PaulCCR)

Opinión Paul

A Bad Bunny lo describió muy bien Santiago Segura en su película Padre no hay más que uno: “¿Pero cómo te va a gustar alguien que rima amol con amol?” le comenta a su hija después de arrebatarle un casco. En la pregunta está hasta la respuesta. Es simple, rima completamente y va acompañado de una base que invita a mover el culo. Es más difícil entender por qué se pagan millones por cuadros que parecen garabatos de niños de cinco años. También se exponen váteres y fregonas en ferias de renombre como ARCO. No hay ninguna ley artística que prohíba a la simplicidad tener éxito. La creación siempre conlleva algo de complejidad por muy básico que parezca el resultado final. La suerte también es parte fundamental de este mundo, y si alguien consigue que se paguen dinerales por sus esculturas de cáscaras de plátano es que algo estará haciendo bien. Bad Bunny por lo menos no atraca a mano armada a quienes escuchan su música.

Nadie va a ver una película de superhéroes por su sólido guion y verosimilitud, sino por el puro entretenimiento. Nadie escucha las canciones de Bad Bunny con la expectativa de que rimen mejor que un soneto de Lorca. Cumplen su función, entretener. El entretenimiento por el entretenimiento es necesario, no todo tiene que tener profundidad, a veces simplemente basta con pasarlo bien. El espectáculo debe continuar al más puro estilo Freddie Mercury, precursor en eso de salir vestido de mujer en un videoclip. El público quiere un show, por eso los conciertos de Raphael siguen teniendo éxito. Nadie necesita ver una cabalgata por las calles de Nueva York de un tío cantando con auto-tune para presentar su nuevo disco, pero todo el mundo se muere por verlo. Hay que tener algo especial para sacar tres discos en un año y que la gente no esté harta de escuchar tus canciones.

Es más difícil entender por qué se pagan millones por cuadros que parecen garabatos de niños de cinco años.

El arte evoluciona. Ya no circulan por las calles versos de escritores que vendían su alma a cambio del patrocinio de alguna persona con influencia. Ahora son las grandes empresas quienes directamente patrocinan la calle y lo convierten en su espectáculo estrella. El producto lo es todo de cara al éxito. No se puede decir que las batallas de gallos no son poesía aunque no todos los que participen en ellas puedan ser calificados de artistas. Aunque para rimar como Skone hay que tener alma de poeta. A menudo los jurados de estos concursos son incapaces de valorar la rapidez del ingenio y la calidad de las rimas porque el rival ha insultado de manera más contundente. Las canciones de Bad Bunny tienen esa contundencia sonora de las rimas fáciles y rápidas, por eso cumplen su objetivo a la perfección, cuando te entran por el oído lo único que sientes son ganas de perrear duro hasta abajo.

Sería injusto juzgar a un artista sólo por la calidad de su obra. El efecto que produce en el público es el factor más importante de todos. No hay arte sin contemplación. Una obra maestra que sólo comprende su autor no es una obra maestra ni es nada. Una fregona en ARCO vale millones porque hay gente que los paga. En el viejo mundo de las fiestas y las discotecas en las que se podía bailar pegado hasta el amanecer era Bad Bunny el que sonaba. Ahora las fiestas sólo existen en la imaginación, pero su música sigue sonando.

Artículo por Paul Christian (@PaulCCR)