El buen ‘Veneno’ añejo

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Hace una década Acqua Toffana nos trajo un “preludio” tóxico que aún hoy tiene un sentido narrativo de puro barrio y buen RAP

Álex Blasco Gamero (@Jalobg)

El veneno agua tofana, acqua toffana en italiano, toma el nombre de Giulia Tofana, una histórica boticaria/envenenadora siciliana que proveía de este tóxico a mujeres que querían deshacerse de sus maridos en el siglo XVII –detenida, torturada y ejecutada en 1659–.

La composición del veneno es desconocida. Según algunos historiadores, se trataba de un líquido transparente e insípido compuesto por arsénico –un químico– y cimbalaria –una planta–. Las confesiones de Toffana antes de su ejecución dieron a entender que se trataba de una mezcla de esencias vegetales… La composición del grupo de rap es conocida.  Elio Toffana, Kael Toffana y Tony Karate, producido en un pequeño bote de vidrio llamado Dano. Las confesiones de los Toffana en el disco dieron a entender de que se trataba, y se trata, la esencia del rap… De la calle.

“No es raro que chico sea malo en el barrio si su salario es tan bajo” –canción Orgullosos–. Esta frase define en gran medida el disco del que hemos venido a hablar hoy, el disco que esta semana cumple una década y que conviene no olvidar: VE-NE-NO.

Con una crisis económica que ya andaba, el grupo madrileño nos regaló en 2009 un disco con 13 piezas, grabadas, producidas y mezcladas por Dano y masterizadas por Daniel Altarriba, presentado con una introducción de menos de tres minutos que dejaba claro como no había antídoto a la toxina Toffana y como la esperanza de toda una generación se marchitaba, pero como no había, y hay, excusa para no seguir dando guerra.

“Humildes y honrados, pero con dos cojones para morir por lo que soñamos”

Nacidos a mediados/finales de los 80, Elio, Kael y Tony Karate representan en esta obra al sector al que más afectó la crisis, los millenials primigenios de clases bajas, los chavales del barrio con oficios precarios. Una situación de “vivir en estado de pánico”, nostálgicos, envueltos en informativos depresivos narrados en bases lentas, con pequeños matices flamencos, souls y jazz, acompañadas de golpes duros –líneas– al hígado.

“Subió al centro en metro / con su chupa de cuero / en un bolsillo el dinero / en el otro un jamonero. / Pero era de barrio obrero / amigo, era un tipo bravo”

Un álbum que deja claro la vida de una gran parte de los chavales de los barrios reprimidos, de lo que es no cobrar lo suficiente para vivir, de cómo la falta de expectativas de una vida mejor lleva a determinados comportamientos, de lo que unas veces es puro orgullo y otras necesidad.  

“Debería aceptar el trabajo de oficina / con 25 años me elimina la rutina / adrenalina pura satura mi retina / deja la mierda ahora / aléjate y camina”

Como bien dijo Elio en 2016, en un reportaje para el diario El Mundo : “El rap para mí es poesía y filosofía. Me interesa hacer pensar a la gente e intentar pensar yo”. El rap como género artístico que es proviene de una corriente cultural y de transmitir unos valores, los del artista en particular, los del hip-hop en general. El valor de esta cosa nuestra, por mucho que parezca un pesado repitiéndolo una y otra vez, viene de los valores del autor y por ello si este es consciente del valor del hip-hop y del contexto social en el que vive, de la calle, la etiqueta underground seguirá teniendo sentido.

Diez años después de la salida al mercado del disco ‘Veneno’, de Acqua Toffana, con un buen recuerdo y con una pequeña esperanza de que vuelvan de alguna forma, ya sea por lo civil o lo criminal, en El V Elemento nos acordamos de ellos y vosotros deberíais. ¡Larga vida al veneno! ¡Larga vida a Acqua Toffana!

Artículo por Álex Blasco Gamero (@Jalobg)

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