El rap es otra cosa…

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Opinión por Amavi Akakpo (@aatinajero)

Opinión Amavi

Gata Cattana cantaba en “Nuestros abuelos no saben leer. Nosotros empeña’os en contarla, pa’ to el que no sepa leer que pueda bailarla…” y resume bastante bien la influencia de la música como herramienta para contar la Historia.

En los últimos meses se ha hablado mucho del rap de ultraderecha, de si la música es libre, y, mi hit favorito, ‘no hay que politizarlo todo’. Es un caballo de Troya, y es ridículo. No hay debate. Estás intentando entrar en una fiesta en la que no solo no estás invitado sino que eres persona non grata. Te vas a quedar fuera, y a lo peor te llevas un guantazo del portero. Next.

Pero sí que podemos aprovechar la coyuntura para sacar a la luz cosas interesantes. Hablemos como un club de fans de Public Enemy desembocó en la formación de Los Panteras Negras de Madrid mirándose en los principios de lucha de los americanos, del unámonos de la Zulú Nation que soñó Africa Bambaataa, que hicimos nuestro a través del tema de Falsalarma. De cómo el hip hop te señalaba a tu igual cuando llegabas a un nuevo barrio, al instituto, o te cruzabas con alguien en el metro.

Pongamos en el foco que hacemos y escuchamos música desde lo que somos, que no reivindicamos el rap desde el Bronx (que también) sino desde Solo los Solo y su “Quimera” que no era mestizaje de nada tan solo el rap desde sus circunstancias, su barrio y sus experiencias que sonaban a flamenco. Desde Violadores del Verso y el hardcore que suponía su cercanía a punkies, rockeros, hardcoretas e iba hasta el amor supremo de Coltrane. De CPV que puso banda sonora al Madrid donde los nazis apaleaban chavales por negros, “guarros” o antifas en la Plaza de los Cubos.

“Por qué siempre que algo digo bien todo el mundo se extraña, ¿no hay hombres de color que hablen así en España?” -Frank T-

De la reivindicación de la clase obrera de Natos y Waor. Del dolor de la adolescencia y el reformatorio de Ayax y Prok. La universidad de la calle de Tremendo. De la esperanza viable del barrio al escenario, del ser vistos y existir. Asumir que no hay una única forma de rap, pero sí una base de lucha muy sencilla. Odio para los que odian, oprimen y señalan al diferente.

Por supuesto que puedes escribir letras fascistas sobre un bombo y una caja. El rap es otra cosa. Que sí, que te ríes del chiste, pero no lo entiendes. El chiste eres tú.

“Hip hop es lo que llevo puesto, no como visto. Igual que inteligente no es lo mismo que ser listo” -Juaninacka-

Recordemos que no hace tanto, la música que escuchabas te definía. Era una parte clave de tu identidad. Los códigos iban desde principios morales a la forma de vestir. Te “obligaba” a posicionarte. No es casualidad que la cultura hip hop calara hondo en las periferias, ciudades dormitorio o barriadas. No es tampoco casualidad que se asociara a delincuencia. No lo es de igual manera que supusiera la vía de escape de ciertas realidades o destinos. Era (y es) una proyección de la vida de muchos que no se ven reflejados más allá de la estigmatización. Y no hay una verdad absoluta, conviven muchas realidades y todas ellas están presentes.

“Y en ambas riberas del Ebro, críos sin escuelas cultivando su cerebro en el huerto. Buscan salidas, ganarse la vida, a costa de los frutos que produce una semilla. Si el tiempo no falla, si el sol luce fuerte, podrán sobrevivir el resto del año si sonríe la suerte” -Kase O-

Porque eso es precisamente lo que hace la música. Enseñarnos de donde venimos. Y, sobretodo, donde no queremos volver.

Artículo por Amavi Akakpo (@aatinajero)